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Yo defiendo mi metro


“La sociedad ya se organiza para evitar destrozos”.

En el mundo, y en América Latina, se escuchan muchos movimientos de protesta de quienes quieren cambiar las cosas. Pero por primera vez se empiezan a ver movimientos que también quieren proteger lo ganado. Veamos.

 

Más allá de ideas de izquierda, derecha, liberales o conservadores, los movimientos populares recientes en Ecuador, Chile, España o Francia tienen como característica común el protestar por problemas de su sociedad y conllevar atentados contra automóviles, edificios, carreteras y otras propiedades públicas y privadas. Por ello sorprende ver que en Colombia aparece, por primera vez, un movimiento que llama a movilizarse para evitar que los huelguistas de un paro general convocado para el 21 de noviembre próximo destruyan bienes que pertenecen a todos, y en especial el metro.

 

¿Se trata de un movimiento antihuelguista? No necesariamente, pues estos colombianos no lo expresan así. De hecho, nuestros estudios sobre los conflictos en el Perú muestran que la población generalmente supone que los que protestan protegen sus derechos, como aquellas poblaciones que exigen a una mina cercana no atentar contra su modo de vida.

 

Pero sin oponerse a sus exigencias, lo que siempre vemos es que paralelamente a la mayoría les molesta cuando esas protestas los afectan directamente, recortándoles ingresos, impidiendo clases a sus hijos o dificultándoles desplazarse. La diferencia es que si antes nunca han hecho nada para evitarlo, hoy empiezan a organizarse para hacerlo.

 

Es interesante ver que este movimiento nace en Medellín, ciudad que en 20 años pasó de ser un ícono de delincuencia y narcotráfico a ser un ejemplo mundial de desarrollo urbano. Así como la mayoría de los peruanos ha visto un gran cambio en sus vidas en ese lapso, todos los ‘paisas’ (medellinenses) vieron transformarse su ciudad. Y quizás al ver los destrozos en el metro de Santiago de Chile, se sensibilizaron más a proteger lo suyo, pues si antes su símbolo urbano era Pablo Escobar, hoy lo es el moderno metro de Medellín.

 

¿Podrán crecer más movimientos similares? Tal vez, cuando se observen mejor los derivados del caos, y por ejemplo los santiagueños vean que ya no tienen el metro que necesitan. Y quizás eso haga que más personas entiendan lo que perderían si no protegen su carretera, su centro comercial, la universidad de sus jóvenes, la combi de su vecino, y todo lo que han obtenido con su esfuerzo. Y cuando los manifestantes entiendan, por la expresión pacífica de sus conciudadanos, que aun si tuvieran razón en sus protestas nada justifica la violencia al expresarlas.

 

Porque para avanzar unos metros no es entendible, ni justificable, destrozar los metros de camino que ya se han construido. Que tengan una gran semana.

 

 

 

Rolando Arellano Cueva

Presidente de ARELLANO y Profesor en Centrum Católica

 

 

 

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