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Un presidente como yo


Siendo pionero en los microcréditos, paradójicamente el Perú tiene un nivel de bancarización y de uso de productos financieros extremadamente bajo. Felizmente, esto está cambiando por el desarrollo de nuevas herramientas y a mejoras en el sistema. Veamos.

 

Sin duda no son personas que buscan puestos o contratos con el gobierno, pues serían muy pocas y ya habrían abandonado el barco que ven hundirse. Tampoco izquierdistas ideológicos, pues saben que estas autoridades no tienen una orientación política clara. ¿Tal vez son los “Fujimori nunca más”, que no reconocen su error? Difícilmente, pues ellos, al guiarse por principios, reaccionarían a los signos de corrupción actual. No son sin duda grupos beneficiados por obras, pues el desempleo y la gran inflación han afectado a todos. ¿Quizás entonces son sólo ciudadanos desinformados? Poco probable, porque hoy todas las noticias llegan a las mayorías.

 

 

¿Dónde estaría entonces su motivación? Quizás en el lado social, pues en gran proporción son personas de ingresos bajos, de zonas rurales y ciudades de la sierra (que en el sur son más numerosas), que han visto en la elección de un modesto profesor andino la reivindicación del Perú profundo. Personas que ven con gran desconfianza las noticias del periodismo y las redes sociales, y quizás sienten que sus denuncias de corrupción (mal con el que conviven diariamente en sus pueblos) son una muestra del abuso de grandes hacia chicos. Ciudadanos que, quizás sin saberlo conscientemente, defienden un proceso de popularización del poder que, salvando excepciones, viene desde un Manuel Prado muy elitista, pasando por Belaunde se acerca a las clases medias con García y Fujimori, sigue con gobernantes de origen andino como Toledo y Humala, y llega al profesor de escuelita rural serrana. Será poco preparado y tal vez no muy honesto, pero es un paso más que acerca el poder hacia gente como yo, dirían. Y añadirían, tal como ocurre desde hace años con el 90% de autoridades regionales y municipales del país, que vienen de movimientos cercanos a mí, y no de los grandes partidos centralistas.

 

Entender profundamente sus motivos haría que, en lugar de usar sólo argumentos económicos o políticos, o peor aún, adjetivos denigrantes, busquemos empatía para unir sus intereses sociales, su sentimiento profundo, con los del resto del país. Porque solo así podremos resolver el problema político actual, afrontar mejor las elecciones de octubre próximo, y sobre todo, y lograr la armonía necesaria para convivir como nación. Que tengan una buena semana.

 

 

Rolando Arellano C.

Presidente de ARELLANO y profesor en Centrum Católica

Artículo completo en El Comercio

 

 



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