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Innovación. ¿Por dónde empezar?


Cuando se habla de innovación en las empresas, ¿sabemos por dónde empezar? ¿Debo ser disruptivo?, ¿debo salir de frente al mercado y probar? ¿Qué debo hacer primero para asegurarme con mayor probabilidad el éxito de mi producto o servicio?.

 

Existen mucha teoría (y práctica) sobre el paradigma de la innovación. El autor Douglas Holt publicó en el HBR (Harvard Business Review) sobre esta temática cuestionando sobre una innovación basada en superar a tus competidores bajo las nociones de los valores existentes, es decir, construir mejores trampas para ratones: más eficientes, más grandes y/o a mejor precio. Es decir, se puede ganar en funcionalidad, conveniencia, fiabilidad, precio o experiencia del usuario.

 

 

Esta innovación es a menudo la apuesta correcta si eres una empresa tecnológica. Miles de expertos, seminarios y campamentos de entrenamiento brindan consejos para ayudarte en tu camino. Pero ¿qué pasa con las empresas que operan en mercados en los que las nuevas tecnologías tienen menos relevancia? Para ellas, este proceso podría ser demasiado demandante y con bajo retorno de la inversión.

 

 

En la otra orilla, está la llamada Innovación Cultural, que parte de un análisis con ambiciones cualitativas. Busca cambiar el marco de referencia, comprendiendo qué es lo verdaderamente valioso para el consumidor sobre todo en la industrial del consumo masivo. Va más allá de simplemente hacer mejor lo que ya se valora ¿Es ahí por donde debemos empezar?.

 

Para citar un ejemplo, tenemos el caso de la Ford Explorer, que rompió con los paradigmas de las minivans (vida aburrida y rutinaria). A nivel tecnológico, no era mejor que sus predecesores, incluso fue más costosa; no obstante, reformuló el posicionamiento de la categoría, llevándolo hacia la aventura. Te ofrecía un nuevo ideal de vida familiar.

 

He aquí la importancia de basar la innovación en el entendimiento de profundo de su target, quien luego será el consumidor de su producto. Partiendo de él es que nos tenemos que asegurar que nuestra innovación realmente está solucionando un problema real (consciente o inconscientemente). Las grandes innovaciones se basan en el entendimiento correcto de las necesidades. Así, la gente cuando andaba a caballo “necesitaba” ir más rápido y de manera más confiable de un lugar a otro. ¿Hubiera sido mejor tener mejores caballos? ¿Mejor criados? ¿mejor alimentados? Lo que realmente cambió el juego fue satisfacer esa misma necesidad bajo otro marco de referencia: los autos. El entendimiento de las motivaciones y barreras de nuestros consumidores nos darán la puerta abierta a nuestra próxima innovación exitosa. Empecemos por nuestro consumidor.

 

 

 

Guillermo Gaviola.

Gerente de Consultoría de Arellano Consultoría

 

 



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